Síndrome Metabólico y la Dieta

¿Qué es el Síndrome Metabólico?

El síndrome metabólico es un conjunto de factores que desempeñan un papel importante en la probabilidad de que una persona pueda padecer una enfermedad cardiovascular.

Las personas que padecen síndrome metabólico tienen el doble de riesgo de sufrir una enfermedad coronaria, enfermedad cerebrovascular (Ictus) y 1.5 veces más riesgo de mortalidad por todas las causas.

 

 

¿Qué características presenta el Síndrome Metabólico?

Las personas con síndrome metabólico tienen en común el desarrollo de los siguientes factores de riesgo:

  • Obesidad central, es decir, un exceso de grasa en la zona abdominal.
  • Presión arterial alta de 130/85 mm.Hg. (milímetros de mercurio) o superior. Una medición normal de presión arterial es 120 mm.Hg. o menos para la presión sistólica (la máxima) y 80 mm.Hg. o menos para la presión diastólica (la mínima).
  • Elevación de glucosa en sangre en ayunas nivel igual o superior a 150 mg/dl.
  • Niveles elevados de triglicéridos: más de 150 mg/dl. (miligramos por decilitro).
  • Niveles bajos de colesterol HDL, definido como menos de 40 mg/dl. en los hombres y menos de 50 mg/dl. en las mujeres.

La complejidad del Síndrome Metabólico está relacionada con dos factores patógenos: el tejido adiposo y la inflamación.

 

 

El tejido adiposo acumulado en la zona abdominal, genera un estado inflamatorio crónico de bajo grado que es la base de los trastornos metabólicos, como la resistencia a la insulina, la dislipidemia y la hiperuricemia. La resistencia a la insulina es el «núcleo» del síndrome metabólico.

Es por eso que el papel de la alimentación y el deporte es fundamental tanto para la prevención de este síndrome metabólico y comorbilidades, como de la reversión de la sintomatología.

El Síndrome Metabólico y la dieta

En lo que confiere al plano nutricional y el síndrome metabólico, la evidencia sugiere que las dietas basadas en vegetales, pueden reducir el riesgo de eventos de enfermedad coronaria en un 40% y el riesgo de eventos de Ictus en un 29%. Estas dietas también reducen el riesgo de desarrollar síndrome metabólico y diabetes tipo 2 en aproximadamente la mitad.

Además de ser saludables, resultan efectivas para el control del peso y la glucemia, y proporcionan beneficios metabólicos y cardiovasculares, como reversión de la aterosclerosis y disminución de lípidos y presión sanguínea.

Componentes de la dieta

El porcentaje ideal de carbohidratos, proteínas y grasas en la dieta es un tema de discusión y debate en curso. Por lo que, esta distribución de macronutrientes debe basarse en una evaluación individualizada de los patrones alimentarios actuales, las preferencias y los objetivos metabólicos. Reducir la ingesta de grasas saturadas y azúcares agregados mientras aumenta la ingesta de fibra y carbohidratos complejos parece ser un enfoque razonable.

La Fibra

Contribuye al volumen en la dieta sin agregar calorías digestibles, lo que puede traducirse en mayor saciedad y favorecer la pérdida de peso. Además, la fibra soluble promueve la excreción de sales biliares y, por lo tanto, reduce los niveles de colesterol y la glucosa en la sangre. El alto consumo de fibra se ha relacionado con la reducción del peso corporal, disminución de la presión arterial y los lípidos en la sangre, reducción de la formación de placa de ateroma y el riesgo cardiovascular, y menor riesgo de diabetes tipo 2. Se ha demostrado que reemplazar la grasa saturada con grasa poliinsaturada y monoinsaturada disminuye la sensibilidad a la insulina y reduce el riesgo cardio-metabólico, independientemente de los cambios en el peso corporal.

La dieta mediterránea

Otra de las pautas y recomendaciones nutricionales consensuadas y enfocadas a una prevención y/o mejora del síndrome metabólico y comorbilidades desarrolladas es llevar a cabo una alimentación en base a la dieta mediterránea (La cuál, actualmente se considera más un mito que una realidad si miramos los hábitos alimentarios de la población).

La dieta mediterránea se caracteriza por una combinación adecuada y equilibrada de frutas y verduras, pescado, cereales y grasas poliinsaturadas (frutos secos, semillas, pescado azul,…), con un consumo reducido de carne y productos lácteos,…Muchos de los componentes de la dieta mediterránea tienen efectos positivos en el estado de salud, llegándose a denominar «alimentos funcionales». Carotenoides, ácido fólico, fibras dietéticas,…Parecen tener un papel importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

Dentro de este tipo de alimentación/dieta podemos encontrar alimentos potenciales de los que se puede obtener especial beneficio, como son el aceite de oliva virgen extra, por sus componentes bioactivos y propiedades anti-oxidantes y protectoras del endotelio; el tomate, por su contenido en licopeno, un carotenoide que promueve una alta actividad antioxidante y antiinflamatoria; alto consumo variado de fruta fresca, especialmente frutos rojos y arándanos, por su contenido en antocianinas y alto poder antioxidante y antiinflamatorio, que ayuda entre otras cosas a regular la presión arterial.

 

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David Martos Carmona, nutricionista en blance sport clinic y ensa sport. nutricionista en sevilla.
David Martos Carmona. Nutricionista en Blance Sport Clinic

 

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