El dolor de espalda es una dolencia ya habitual en nuestro entorno. Entre el 70 y el 85% de las personas sufren dolor de espalda alguna vez en su vida. Pero además de habitual, se trata de una dolencia que en el 30% de los casos tiene influencia directa en las actividades de la vida diaria. Ya desde finales de los 90, se observó como en EEUU estas dolencias eran las responsables principales de limitación de la actividad en personas menores de 45 años, la segunda razón más frecuente de visita al médico, la quinta causa de hospitalización, y la tercera causa más común de intervención quirúrgica. Así, estudios en distintos países han demostrado como el dolor de espalda constituye la principal causa de absentismo laboral y de bajas laborales (Andersson GB. 1999).

Aunque, a grandes rasgos, se diferencia entre dolor de espalda baja (lumbalgia), dolor de la zona media de la espalda (dorsalgia) y dolor de cuello (cervicalgia), el primero y el último han sido los más estudiados por su mayor aparición en la sociedad (Leboeuf-Yde C et al. 2011).

El dolor de espalda baja es hoy día el que aparece con mayor frecuencia dentro de los tres tipos de dolor de espalda (Strong JA et al. 2013).Entre ellos, el más frecuente es el dolor crónico de espalda baja, caracterizado por no tener causas aparentemente anatómicas o neurofisiológicas. Sin embargo, recientemente se ha observado como en pacientes con dolor crónico de espalda baja, tras un periodo de entrenamiento mediante ejercicios estabilizadores de la zona lumbar, se produjo una hipertrofia en los multífidus (musculatura erectora de la columna vertebral), al mismo tiempo que disminuyó considerablemente el dolor de espalda, con lo que se sugiere que la falta de fuerza de esta musculatura podría ser una de las causas de este trastorno. De hecho, en dicho estudio se compararon dos programas de entrenamiento, promoviendo mejoras mucho mayores en el dolor de espalda, el entrenamiento que provocó una mayor hipertrofia de esta musculatura (Chung SH. et al. 2013)

 Dolor costado

Además, también recientemente, un artículo publicado en la Journal of Science and Medicine in Sport ha mostrado como tras un seguimiento que se realizó a más de 4.000 personas durante una media de 5 años, aquellos que realizaron ejercicios de fuerza con peso libre, realizaron clases colectivas o ejercicios calisténicos, tenían menor riesgo de presentar dolor de espalda baja que aquellos que únicamente realizaron estiramientos o ejercicios de fuerza en máquinas(Sandler, R.D.et al. 2013).

Por tanto, ambos artículos ponen de manifiesto la necesidad de poseer una musculatura estabilizadora fuerte con el fin de prevenir y tratar el dolor crónico de espalda baja.

Para ello, deberemos realizar ejercicios que activen la musculatura estabilizadora central, ya sea en ejercicios específicos para esta musculatura o en ejercicios dirigidos a trabajar otra musculatura, en cuyo caso deberemos optar por pesos libres (siempre que no suponga un perjuicio adicional) en contraposición a ejercicios en máquinas.

De otro lado, y siguiendo al dolor en la zona lumbar, el dolor en la zona posterior del cuello es también uno de los trastornos musculo-esqueléticos más frecuentes actualmente. En el 90% de los casos no responde a ninguna causa orgánica o patológica aparente, siendo más frecuente en mujeres que en hombres (Fejer R. et al. 2006). Sin embargo, distintas intervenciones de ejercicio físico han puesto de manifiesto como un programa de entrenamiento con ejercicios de fuerza de la musculatura del cuello y hombro pueden reducir considerablemente el dolor en esta zona.

Dolor nuca

De este modo, programas de ejercicio que incluían ejercicios tales como flexión y extensión de cuello en una máquina de ejercicio de cuello, activación de la musculatura profunda del cuello mediante una contracción isométrica de la musculatura flexora desde tendido supino, ejercicios con bandas elásticas para dicha musculatura, y ejercicios de concienciación corporal para una buena higiene postural (Bertozzi, L. et al. 2013).

 

Bertozzi, L., Gardenghi, I., Turoni, F., Villafañe, J. H., Capra, F., Guccione, A. A., &Pillastrini, P. (2013). Effect of therapeutic exercise on pain and disability in the management of chronic nonspecific neck pain: Systematic review and meta-analysis of randomized trials. PhysicalTherapy, 93(8), 1026-1036.

 

Chung, S., Lee, J., & Yoon, J. (2013). Effects of stabilization exercise using a ball on mutifidus cross-sectional area in patients with chronic low back pain. Journal of Sports Science & Medicine, 12(3), 533-541.

 

Hogg-johnson, S., van, d. V., Carroll, L. J., PhD., Holm, L. W., DrMedSc, Cassidy, J. D., Guzman, J., . . . Peloso, P. (2008). The burden and determinants of neck pain in the general population. EuropeanSpineJournal, 17, 39-51.

 

Leboeuf-Yde, C., Fejer, R., Nielsen, J., Kyvik, K. O., &Hartvigsen, J. (2011). Consequences of spinal pain: Do age and gender matter? A danish cross-sectional population-based study of 34,902 individuals 20-71 years of age. BMC Musculoskeletal Disorders, 12, 39.

 

Sandler, R.D., Sui, X., Church, T.S., Fritz, S.L., Beattie, P.F., Blair, S.N. Are flexibility and muscle-strengthening activities associated with a higher risk of developing low back pain? Journal of Science and Medicine in Sport. [Epub ahead of print]

 

Strong, J. A., Xie, W., Bataille, F. J., & Zhang, J. (2013). Preclinical studies of low back pain. Molecular Pain, 9, 17.