Cuando hablamos de embarazo, es sabido ya por todos los cambios existentes en la anatomía y fisiología del Suelo Pélvico de la mujer. Además de estos cambios fisiológicos, en estos procesos pueden ocurrir traumatismos observables y objetivables en estas estructuras y además otros ocultos que pueden afectar a elementos, nerviosos, ligamentosos y/o de estructuras musculares. Antes de comenzar a hablar de cómo podemos prevenir dichas lesiones, es importante destacar ciertos conceptos de la morfología pélvica y de la biomecánica del parto.

Existen en el proceso del parto dos grupos de fuerzas que permiten que se lleve a cabo, podemos agruparlas en fuerzas propulsivas (contracción uterina y contracción del tr-A) y fuerzas resistivas (fijación fascial superior, respiración –espiración-, fijación ligamentosa uterina y contención de suelo pélvico, plano profundo). Por otra parte, sabemos que el parto en sí tiene tres fases, la fase de dilatación, proceso en el cual se produce el borrado del cuello del útero, la dilatación del mismo y las contracciones uterinas oscilan alrededor de 3 cada 10 minutos, son de intensidad variable y se caracterizan por la dureza del abdomen y dolor en la zona suprapúbica a veces irradiado a la zona lumbar. A continuación la fase de expulsivo, en la cual, el bebé comienza a descender por en canal del parto hasta terminar saliendo al exterior mediante las contracciones uterinas, ya más intensas, sumadas a la contracción de nuestro músculo Transverso Abdominal mediante la aplicación de pujos realizados por la madre. Por último, la fase de alumbramiento donde se produce la expulsión de la placenta.

Pero este proceso no ocurre con tanta facilidad, está admitida desde hace años la desproporción céfalo-pélvica en la raza humana, es decir, no existe una congruencia perfecta entre la cabeza del bebé y la pelvis materna, esto hace que el descenso del bebé por el canal del parto sea una tarea más complicada de lo que puede parecer. Veamos por qué.

La pelvis materna es un anillo irregular, teniendo distintos perímetros a lo largo de su recorrido. Encontramos así tres puntos clave donde la el bebé debe ejecutar ciertas maniobras para seguir avanzando:

– Estrecho Superior: coincidiendo con el primer plano de Hodge, está delimitado por las líneas innominadas, el promontorio sacro y las ramas ilio-pubianas y su diámetro de mayor longitud es el transversal, debiendo coincidir con el diámetro de mayor tamaño de la cabeza del bebé. Así, tenemos que el bebé deberá encontrarse en Posición Occipital izquierdo. Ésta se denomina fase de encajamiento.

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– Estrecho Medio: delimitado por las arcadas obturatrices, las espinas ciáticas, por encima de la articualción sacro-coccígea y la mitad de la sínfisis púbica. Para llegar a este nivel, el bebé rota hacia posterior presentando Occipital anterior-izquierdo, siendo esta la fase de descenso, ya que en este estrecho el diámetro de mayor tamaño es el oblícuo. Está relacionado con el segundo plano de Hogde y es donde se inserta el plano profundo de Suelo Pélvico.

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– Estrecho Inferior: delimitado por el cóccix, los apoyos isquiáticos y la base del pubis, donde se inserta la musculatura superficial del periné. Con una rotación posterior ya completa de la cabeza del bebé, nos encontraremos en la última fase o fase de expulsivo. En esta fase, es necesaria de nuevo dicha rotación ya que en el estrecho inferior, el diámetro de mayor tamaño es el antero-posterior, encontrándonos al bebé con Occipital-anterior.

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Una vez visto resumidamente el complejo descenso del bebé por el canal del parto, y para facilitarle el camino, deberemos tener en cuenta tres principios básicos: Pelvis Libre, Pujo Fisiológico (para activación adecuada del Transverso Abdominal) y la Relajación del Suelo Pélvico. Pues bien, sabiendo ésto, hoy nos centraremos en qué podemos hacer como fisioterapeutas en éste último concepto.

El apoyo de la cabeza del feto sobre la musculatura del Suelo Pélvico en la fase del expulsivo y la acción de la misma en la rotación cefálica, serán decisivas en la resolución final del parto, es la última barrera que tiene que superar al bebé antes de nacer. El sobredimensionamiento de estas estructuras es extraordinario, pasando por ejemplo, la distancia ano-vulvar de medir 3 cm a unos 8 cm aproximadamente. Siendo este proceso absolutamente fisiológico, este complejo musculo-aponeurótico se vuelve vulnerable y potencialmente lesionable. Un programa de entrenamiento que garantice un buen tono y una adecuada elasticidad, nos garantizará el mínimo trauma perineal y nos facilitará una adecuada recuperación postparto.

Cuando hablamos de trauma obstétrico, debemos matizar que pueden ocurrir de manera espontánea, con procesos como los desgarros perineales o secundaria al intervencionismo del personal sanitario, a veces innecesario, como la aplicación de material como los fórceps (primera causa de trauma obstétrico) o la episiotomía, cuya incidencia según el Ministerio de Sanidad Español, debería ser menor de un 17%, siendo actualmente practicada en España en un 42% de los partos vaginales.

No existe una amplia bibliografía con una metodología suficientemente rigurosa respecto a la eficacia del masaje perineal, para considerarla evidencia científica irrefutable. Pese a ello las conclusiones son claras, la morbilidad asociada al parto vaginal es preocupante y puede que contribuya a las solicitudes de cesárea. El 40% de las mujeres con traumatismo perineal refieren dolor en las dos primeras semanas después del parto y hasta un 20% tras las 8 semanas, siendo entre un 7 y un 9% tras los tres meses. Sin embargo, las que dan a luz con un periné integro refieren con menor frecuencia la presencia de dicho dolor. En cuanto a la esfera sexual, un 60% de mujeres refieren dispareunia a los 3 meses de haber dado a luz con un trauma obstétrico, siendo un 30% aún a los 6 meses del parto.

Los estudios concluyen que el masaje prenatal manual, reduce la probabilidad de traumatismo obstétrico, principalmente episiotomías, y el dolor durante la fase de expulsivo, además de ser bien tolerado por las mujeres que lo reciben y por lo tanto las mujeres embarazadas debería ser informadas de los beneficios que puede traer este tipo de tratamiento de cara al parto y cómo aplicárselos por ellas mismas.

El masaje perineal, aplicado por un fisioterapeuta especializado a partir de la semana 35 de gestación no es más que un conjunto de maniobras manuales indoloras, aplicadas en el total de estructuras musculo-aponeuróticas que conforman el Suelo Pélvico, de manera superficial y profunda que buscan flexibilizarlas progresivamente para que, en el momento del expulsivo, tengan una mayor capacidad de adaptación al perímetro cefálico. Éste masaje podrá ser reproducido en casa por la misma madre interesada o por su pareja.

En la Unidad de Suelo Pélvico de Balance Sport Clinic, sabemos que la salud integral de la mujer sólo está completamente garantizada cuando es libre de decidir cómo llevar su embarazo y ser dueña de un momento tan importante como el de traer vida, por eso apostamos por dar todas las herramientas a nuestra disposición y toda la información necesaria para que así sea.

Paula Arenas

Escrito por: Paula Arenas Muñiz. Fisioterapeuta de Balance Sport Clinic especializada en Suelo Pélvico.

 

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