El cáncer de mama es el tumor maligno originado en el tejido de la glándula mamaria que tiene la capacidad de invadir los tejidos que lo rodean, además de poder alcanzar otros órganos pudiéndose implantar en ellos.

Como bien sabemos, nuestro organismo está constituido por un conjunto de órganos formados por células que se dividen regularmente con el objetivo primordial de reemplazar aquellas que están ya envejecidas o muertas, para un correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Estos procesos de división celular están regulados por mecanismos que indican a la célula cuándo ha de dividirse o ser estable. Si estos mecanismos se alteran, se produce una división incontrolada que dará como resultado un tumor o nódulo. Si estas células además invaden tejidos y órganos de alrededor se denomina cáncer.

El cáncer de mama es aquel tipo de cáncer que posee la mayor incidencia (29%), mortalidad (15,5%) y prevalencia (40,8%) en el género femenino. En 2014, se registraron un total de 25.215 casos en España.

Por lo general, el cáncer de mama está asociado a un gran tiempo de exposición a hormonas sexuales como los estrógenos. Sin embargo, el desarrollo de este tipo de cáncer está considerado como un proceso multifactorial en el que inciden numerosos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de sufrirlo: edad avanzada, mutaciones genéticas (BRCA1, BRCA2), antecedentes personales de cáncer de mama, altos niveles de estrógenos, menarquía temprana (<12 años), edad tardía del primer embarazo (>30 años), menopausia tardía (>55 años), no haber dado nunca el pecho, obesidad, uso de anticonceptivos orales y tener un estilo de vida sedentario.

Una vez más, el ejercicio físico juega un papel importantísimo a la hora de descender los riesgos de padecer cáncer ya que reduce el tejido adiposo que implica una disminución de la producción de hormonas sexuales, insulina, leptina y marcadores inflamatorios, descendiendo así la exposición a estas hormonas potencialmente cancerígenas.

cancer-mama

Figura 1. Extraída de McTiernan,A.(2008).Mechanisms linking physical activity with cáncer.

Si atendemos a la literatura científica, el 30% de los casos de cáncer podrían haber sido evitados. Es por ello que el ejercicio físico es una pieza clave en la prevención ya que disminuye los riesgos:

  • El ejercicio a una intensidad moderada reduce el riesgo de sufrir cáncer de mama.
  • Los efectos del ejercicio físico en la función menstrual y hormonas sexuales. Mujeres físicamente activas poseen menores niveles circulantes de estrógenos y progesterona ( relacionado directamente con cáncer de mama)
  • Factores como la resistencia a la insulina, hiperinsulinemia, hiperglucemia y la diabetes tipo 2 han sido relacionados con mayor riesgo de padecer cáncer de mama. El ejercicio físico reduce la hiperinsulinemia, mejora la resistencia a la insulina y reduce el riesgo de diabetes lo que explica una relación entre el aumento de actividad física y la reducción de sufrirlo.
  • Un aumento de los factores pro-inflamatorios y una disminución de los factores anti-inflamatorios se han relacionado con un mayor riesgo de sufrir cáncer. La actividad física reduce la inflamación sistémica de forma aislada o en combinación con una reducción del peso corporal, reduciendo las citoquinas inflamatorias del tejido adiposo.

Desde Balance Sport Clinic, apostamos por el ejercicio físico como forma de prevención para el cáncer de mama. Además de ser un medio que ayuda a tener un pronóstico más favorable.

Este debe estar supervisado por profesionales y su prescripción debe estar individualizada y adaptada al paciente en función de la etapa (antes, durante, después) en la que se encuentre, estableciéndose los siguientes objetivos:

ANTES DURANTE DESPUÉS
·Reducir el riesgo o retrasar la aparición del cáncer ·Mantener niveles de %graso

·Preservar tejido muscular y niveles de fuerza

·Reducir pérdida de tejido óseo

·Mantener el fitness cardiorrespiratorio

·Disminuir los efectos psicoemocionales y fisiológicos.

·Reducir y disminuir los efectos persistentes del tratamiento del cáncer.

·Recuperar y optimizar los sistemas cardiorrespiratorio, endocrino, neurológico, muscular, cognitivo y psicosocial.

·Mejorar la composición corporal.

·Mejorar la imagen corporal y la calidad de vida

·Mejorar la capacidad psicológica y fisiológica para soportar cualquier tratamiento actual o futuro.

·Reducir o retrasar el riesgo de recaída o un cáncer secundario. Así como mejorar la ansiedad provocada por ello.

 Extraído de IPEFCancer-Physical Exercise. Basado en Heredia et al. (2012), Saxton (2010), Schmitz et al. (2010), Lucía (2010), Courneya et al. (2007), Lucía (2006).

Una vez establecidos los objetivos, desde el área de entrenamiento de Balance Sport Clinic realizaremos una serie de recomendaciones para la prescripción de ejercicio físico en pacientes con cáncer de mama:

  • Entrenamiento cardiovascular: es necesario trabajar esta capacidad en los pacientes (incluso durante el tratamiento) debido a que existe un deterioro en ella comparado con sujetos sanos (hasta un 30%). Las intervenciones que se han encontrado en la literatura científica utilizan distintas intensidades que han producido mejoras en los sujetos. Desde intensidades bajas (40% VO2máx/ 50-60% HRmax) hasta moderadas (65-75% HRmáx). Para su prescripción durante el tratamiento debemos tener en cuenta el efecto agudo tras el tratamiento y al posible efecto acumulado del tratamiento a lo largo de las semanas. Sin embargo, es recomendable incluirlo cuando comprobemos que no existen pérdidas de peso y con el mínimo estímulo que mejore la capacidad cardiovascular.

 Algunos estudios sugieren que el entrenamiento aeróbico unido al tratamiento de quimioterapia puede beneficiarse mediante una alteración del fenotipo tumoral.

tumor

Extraído de Jones et al. (2013). Modulation of Circulating Angiogenic Factors and Tumor Biology by Aerobic Training in Breast Cancer Patients Receiving Neoadjuvant Chemotherapy.

  • Entrenamiento de fuerza: existe un deterioro de los niveles de fuerza en los pacientes con cáncer. Además existe una pérdida de masa muscular continuada a lo largo del tratamiento. Por lo tanto, el entrenamiento de fuerza es indispensable en el tratamiento del cáncer: se asocia un 33% de riesgo menor de muerte en aquellos sujetos que participaron en un programa de entrenamiento de fuerza. Algunas de las recomendaciones para realizar un entrenamiento de fuerza en pacientes con cáncer de mama son:

 

  • Iniciar el entrenamiento de fuerza a una intensidad muy baja y utilizar un modelo conservador para su progresión.
  • Ser conscientes de síntomas que puedan indicar una posible lesión ( dolor muscular, excesiva fatiga, enrojecimiento o pesadez del brazo indicado, dolor en articulación).
  • Seleccionar ejercicios apropiados para pacientes con cáncer adecuadas a su experiencia de entrenamiento y tener en cuenta las posibles restricciones en el rango de movimiento.
  • Establecer objetivos reales
  • Prescribir entrenamiento de fuerza basado en el nivel del paciente.
  • Antes de prescribir entrenamiento, los individuos deben tener la aprobación médica, particularmente si existe enfermedades cardiovasculares, pulmonares o metabólicas.

El entrenamiento de fuerza no supone un empeoramiento de los síntomas del linfedema.

El estado sarcopénico (pérdida de fuerza y masa muscular) del paciente influye en el tratamiento del cáncer, teniendo peor pronóstico en aquellos que presentaban un porcentaje mayor. Existe una creciente evidencia entre la relación sarcopenia y toxicidad.

Además, en este tipo de pacientes la osteoporosis aparece de una forma más rápida que en sujetos sanos por lo que el entrenamiento de fuerza es fundamental para revertir esta situación.

Será necesario llevar un registro antropométrico del sujeto para asegurarnos que no existe una bajada de peso con el entrenamiento propuesto. Aunque no veamos indicios de mejora en la masa muscular, se pueden producir mejoras a nivel neural que favorecen el estado sarcopénico.

  • CORE: el trabajo de estabilidad lumbo-pélvica también debe estar presente en nuestra programación de pacientes con cáncer, debido al riesgo de caídas que poseen en relación a la sarcopenia. Debemos dotarlos de una estabilidad funcional que permita aumentar su calidad de vida.
  • Flexibilidad (ROM): como consecuencia del cáncer de mama existe una disminución del rango de movimiento del brazo afectado que limitara las actividades de la vida diaria.

Como conclusión, y tras lo expuesto en el texto anteriormente hemos querido mostrar los múltiples beneficios que se obtienen de la actividad física para el tratamiento del cáncer, siendo ésta una terapia esencial. No debemos olvidar que la programación del entrenamiento debe estar supervisada por un profesional de este ámbito e individualizada a cada sujeto atendiendo a sus niveles de afectación, estado del tratamiento y diversas valoraciones que nos transmitan información acerca del estado de las capacidades físicas del paciente.

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Schmitz, KH et al. (2011). American College of Sport medicine roundtable on exercise guidelines for cancer survivors. . Medicine & Science in Sport & Exercise. 42(7): 1409-26.

 

Escrito por: Pablo Arráns Ramírez, Entrenador en Balance Sport Clinic.